Pero estamos demasiado ocupados y demasiado distraídos con nuestros quehaceres mundanos, con nuestro próximo destino, con nuestros problemas pasados. Pensamos que no tenemos tiempo para ayudar a otra persona.
En medio del caos hemos perdido el contacto con los tesoros y premios que recibimos por ayudar a los otros. Con nuestras prisas hemos perdido la oportunidad de que una sensación intensa llegue a nosotros, una sensación que reciben como regalo todos aquellos que ayudan a los otros incondicionalmente.
Puede que ganes mucho dinero y que viajes a lugares lejanos o charles con gente famosa, pero la sensación que recibes al ayudar a otra persona que de verdad lo necesita no tiene igual. Sin embargo, te esquivará hasta que te detengas y muestres tu disponibilidad. Entonces, aparecerá alguien que necesite algo que sólo tú puedes darle y ocurrirán dos cosas: ellos recibirán ayuda, tú recibirás el amor que nace de amar, el regalo que nace de regalar, y la cosecha que nace de sembrar las semillas de la amabilidad.

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