lunes, 9 de diciembre de 2013

Hay suficientes recursos en el planeta ahora mismo para alimentar y cuidar al mundo entero

Siempre podemos encontrar a alguien a quien ayudar: ancianos, enfermos, niños, gente con un sueño. Todo el mundo necesita ayuda en uno u otro momento.

Pero estamos demasiado ocupados y demasiado distraídos con nuestros quehaceres mundanos, con nuestro próximo destino, con nuestros problemas pasados. Pensamos que no tenemos tiempo para ayudar a otra persona.

En medio del caos hemos perdido el contacto con los tesoros y premios que recibimos por ayudar a los otros. Con nuestras prisas hemos perdido la oportunidad de que una sensación intensa llegue a nosotros, una sensación que reciben como regalo todos aquellos que ayudan a los otros incondicionalmente.

Puede que ganes mucho dinero y que viajes a lugares lejanos o charles con gente famosa, pero la sensación que recibes al ayudar a otra persona que de verdad lo necesita no tiene igual. Sin embargo, te esquivará hasta que te detengas y muestres tu disponibilidad. Entonces, aparecerá alguien que necesite algo que sólo tú puedes darle y ocurrirán dos cosas: ellos recibirán ayuda, tú recibirás el amor que nace de amar, el regalo que nace de regalar, y la cosecha que nace de sembrar las semillas de la amabilidad.


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